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¿Sebastián Piñera, un demócrata?

por Marcelo Acevedo

La muerte abrupta del expresidente Sebastián Piñera, merece, por supuesto, las condolencias a la familia. Ahora bien, las circunstancias trágicas de su deceso han permitido que muchos medios de comunicación, en especial la televisión y la clase política, levanten una imagen del expresidente como un demócrata, elevándolo a un estadista y casi un santo, pero ¿realmente lo fue?, ¿o se está confundiendo el respeto a su fallecimiento con tratar de alzar una figura mítica?
Para ello, lo primero que hay que aclarar, es que ser elegido democráticamente dos periodos consecutivos no te hace un demócrata y menos un estadista. Dicha categorización o envestidura tiene relación con respetar los valores democráticos, que son escuchar y poner los intereses del pueblo por sobre los personales, respetar las instituciones democráticas, las leyes y, por supuesto, los derechos humanos que son inherentes a toda persona y son la base principal de la convivencia social de un estado democrático. Por lo anterior, haciendo un pequeño y básico ejercicio de memoria de su vida pública veremos si efectivamente el expresidente Piñera es lo que ahora dicen los medios y la clase política.
La figura de Sebastián Piñera la podemos categorizar en tres ámbitos: familiar, como empresario y como político. La primera de ellas no es necesario referirse, ya que queda en foro de su núcleo interno. Sin embargo, lo público, que engloba las otras dos categorías, es lo que revisaremos, y los propios hechos de su vida serán el sancionador de su legado.
Lo primero que es de interés, es su rol de empresario, el cual siempre ha tenido ripios y la fortuna amasada durante su vida ha sido de manera oscura, oportunista y rayando al margen de la ley. Inclusive, transgrediendo ésta, como fue el caso del Banco de Talca, donde llegó a estar prófugo de la justicia o ser “declarado reo y no por lindo”, como lo expresó el contendor político de su mismo sector en unas de las campañas presidenciales años atrás.

Hay que recordar que los hechos ocurridos con el Banco de Talca ocurrieron en tiempos en los que la dictadura y los empresarios se confundían habitualmente con una complicidad de lado y lado, por lo mismo, era muy fácil quedar impune, sobre todo con un hermano que ejercía como ministro del Dictador y, por consiguiente, con grandes influencias de las fuerzas gobernantes antidemocráticas que no dudo en usar.


Un hecho también que marca una tendencia de la vida empresarial de Piñera, fue el destape de la compra de empresas zombis, todo ello con la finalidad de eludir impuestos. También fue involucrado en el caso cascadas que permitió la perdida entre 30 a 40 millones de dólares, dineros que correspondían a los fondos de pensiones de todos los chilenos y chilenas, involucrado además en escandalo bursátil del caso chispas, la colusión de las acciones de LAN, las triangulaciones de Chilevisión, las empresas en Panamá, la confusión siempre de los negocios con lo público, y así, solo por nombrar las más conocidas.


Ahora bien, como político, y lo más importante para este caso, como presidente de la República, durante su primer mandato se le recuerda por la reconstrucción de las zonas afectadas por el terremoto de 2010 y el rescate de los 33 mineros, es decir, hechos que se espera que cualquier presidente pueda sacar adelante. Sin embargo, estas acciones fueron usadas como marketing personal, dando vuelta por el mundo mostrando el papel que enviaron los mineros y que, ya con vergüenza ajena, hasta su propia familia le aconsejaba que no lo mostrara.


Pero más allá de este marketing político, no fue un presidente destacado, ni realizó actos de estadista que hayan cambiado la vida de los chilenos y chilenas, más bien fue un mero administrador de un modelo perverso que tenía a la sociedad chilena por las cuerdas y que estaba a punto de estallar unos años después y, de manera irónica y como un karma.


Ahora bien, en materia de violadores de DDHH de la dictadura, en su primer periodo se le reconoce el cierre del Penal Cordillera, pero las fuentes cercanas señalan que, fue más bien una vendetta por lo que él sufrió con el llamado “kiotazo”, donde estuvo involucrado el ejercito amenazándolo a él, su familia y en especial a su hijo, es decir, dicho hecho fue para satisfacer un interés personal, más que un convencimiento real de sancionar a los violadores de los DDHH.


Luego en su segundo periodo, en el año 2018 lo golpeo el caso Catrillanca y al año siguiente, enfrentó de una forma horrorosa el llamado estallido social, donde le declaró la guerra al pueblo de Chile y permitió que las fuerzas armadas y de orden, violaran de forma generalizada los derechos humanos, teniendo como consecuencia más de 400 personas con daños oculares, más tres mil querellas y denuncias por abusos policiales y sexuales y, más grave aún, más de 30 personas perdieron la vida en manos de agentes del estado.


Después de esta hecatombe, recordemos que funcionó prácticamente un parlamentarismo de facto, por la incapacidad política de Piñera en manejar la crisis, que sólo lo salvaron dos hechos, a través del parlamento por el acuerdo por la paz y nueva constitución, y por otra parte, una nueva crisis, ahora mundial, como lo fue la pandemia, que permitió el control de la población, crisis que tampoco fue bien manejada, alterándose los datos de los fallecidos y no fue capaz de entregar una ayuda real monetaria a las familias que más necesitaban en ese momento, siendo el parlamento quien tuvo que presentar y aprobar el retiro del 10% para que los compatriotas pudieran sobrellevar la pandemia y no hay que olvidar que fue el mismo expresidente quien llevó esta reforma al Tribunal constitucional para negar esos recursos.


Su segundo periodo terminó con la más baja aprobación de la historia que ha tenido un presidente, con críticas no solo de la población y de la oposición, sino que también de su propio sector, los mismos que ahora lo ensalzan como un gran político de manera hipócrita o más bien de manera “conveniente”.


Dicen que la historia juzga a su gobernantes, lo cual lo dudo, ya que para ello debe existir al menos una verosimilitud de lo que se dice de esa persona o figura y no tratar de quedar bien o tener un relato ficticio, por querer aparentar respeto a su muerte, lo cual por supuesto son dos cosas distintas, para ello los medios de comunicación no contribuyen mucho, muy por el contrario, usan su poder para torcer la verdad a su conveniencia para obtener puntos de rating, sin siquiera pensar en la responsabilidad de aquello y las consecuencia que conlleva, sin mencionar el abrupto abandono a la tragedia de la Quinta Región por el hecho noticioso del día.

A luz de los hechos, el expresidente Sebastián Piñera fue una persona que no respetó la ley, e incluso, en la actualidad se encuentra en calidad de imputado en diferentes causas (no solo de violación a los derechos humanos) de las cuales quedara impune por los sobreseimientos de ellas. Además, fue una persona que trató siempre de evadir o eludir impuestos que iban en beneficio directo de la población, y es el primer responsable de la violación a los derechos humanos generalizados en el año 2019. Fue incapaz de resolver las crisis reales que enfrentó y no permitirse, en momentos difíciles, sacar un provecho personal. Fue una persona que siempre mezcló los negocios y la política, y que antepuso su interés personal por sobre el del país, representando lo más rancio de un individualismo neoliberal. Entonces, para responder la pregunta: “¿Sebastián Piñera fue un demócrata?”, por supuesto que no.


Marcelo Acevedo V. Presidente Sitio de Memoria Estadio Nacional.

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