La Constitución de la Dictadura y su sombra

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Los aviones comenzaron a volar por Santiago, todos miramos al cielo y los vimos pasar. Luego los estruendos de las bombas que explotaron en La Moneda remecieron los vidrios, el piso, y paralizaron por unos minutos la ciudad y nos paralizaron a todos por años.

Ese día, 11 de septiembre de 1973, cayó encima de Chile la Dictadura de Pinochet, y comenzó a gestarse su Constitución que nos gobierna hasta hoy. Ese día murió Salvador Allende, el presidente de Chile, murieron y siguieron muriendo muchas chilenas y chilenos. 

– Por Santiago, Concepción, Antofagasta, por todo el país corrían ríos de sangre, de miedo, de muerte, represión, violencia y silencio, que siguieron y siguieron sin parar hasta después de 1989. Esos ríos nos seguían a donde fuéramos, o donde pudiéramos escondernos para sobrevivir. Cuando recorríamos por ahí buscando rastros de los nuestros, ahí estaban. Esos ríos de dolor se vaciaron en una sombra que sigue presente. 

En esa sombra están todos esos años sombríos de la dictadura y está su Constitución, que se escribió sobre nuestras voces silenciadas y aterradas, sobre nuestros muertos, sobre nuestra prisión y nuestro dolor. Se escribió como si no existiéramos, como si el mundo solo fuera de ellos y nosotros fuéramos una masa de nada-.

Esta constitución de la dictadura que terminó de escribirse en 1980 no tiene preámbulo. No tiene un contexto histórico donde se relate un poco de lo que ocurría en el país cuando fue escrita. ¡Cómo va a tener! si la realidad era que Chile estaba devastado, las y los detenidos desaparecidos y muertos sumaban miles, era una dictadura violenta. Sus cómplices escribanos y dictadores no quisieron reconocer y dejar registrado su genocidio.

Ese grupo de escribanos, los juristas, conformaron la Comisión Ortuzar que estaba presidida por el abogado Enrique Ortúzar, un ex ministro del presidente Jorge Alessandri. Dirigida ideológicamente por Jaime Guzmán, hijo predilecto de la derecha y ultraderecha conservadora, e integrada por siete abogados más. Sesionaron entre 1973 y 1978, más dos años de discusión.  Hasta que se votó el 11 de septiembre de 1980. Recibían remuneraciones equivalentes a un ministro de la corte suprema (hoy reciben nueve millos aprox.), más 50% de asignaciones. Lo que daría al día de hoy un total de catorce millones.

En esos años emergían los Chicago Boys, el neoliberalismo y el capitalismo estaban en su auge. En consecuencia, diseñaron esta constitución de la dictadura en conformidad total a ese modelo económico, sin importarles nada más que Chile fuera reconocido como el país de la prosperidad y de la felicidad económica, del desarrollo, un modelo del Neoliberalismo para el mundo y pusieron al país entero a disposición de su laboratorio. Como ya vimos, la ciudadanía y menos el pueblo, no existían para ellos.

Instalaron así el modelo de economía subsidiaria, la privatización de todos los bienes naturales, todo pasó a ser privado, educación, salud, y la administración de las pensiones. El Estado se redujo para que los privados, los empresarios se hicieran cargo de todo, es decir, se convirtieran en dueños y dirigieran el país, como lo hacen hasta ahora. En enero de 1980 se crean las AFP, “se establece un sistema de pensiones de vejez, de invalidez y sobrevivencia derivado de la capitalización individual obligatoria en una administradora de fondos de pensiones (AFP).”

Hubo algunas voces que se levantaron públicamente, como el ex presidente Eduardo Frei Montalva que rechazó el plebiscito anunciado por Pinochetyen Brasil, declaró: “No conseguirá permanecer en el poder durante ocho años más aún cuando el referéndum que convocó apruebe una nueva constitución”. También la Conferencia Episcopal de Chile cuestionó el Plebiscito. El 27 de agosto de 1980, se realiza el “Caupolicanazo” contra la Dictadura, uno de los primeros actos permitidos. Allí el mismo ex presidente Frei Montalva, orador principal, llamó a establecer un itinerario de transición, vuelve a rechazar el plebiscito de 1980 y propuso una Asamblea Constituyente. Al año y medio murió.

El pueblo en general se mantenía silencioso hacia afuera. Por sus duelos, por no perder a nadie más, y para no ser asesinado o detenido que era lo mismo. Con la desaparición la muerte era segura. Había toque de queda, estado de sitio y luego de emergencia, militares en el poder. Pero, de manera oculta el pueblo seguía unido, la comunicación boca a boca surtía rápido efecto y de a poco, cuando se podía se hacían marchas o protestas, pero, siempre con graves consecuencias. Las violaciones a los derechos humanos durante la dictadura según el Informe Rettig y el Informe Valech, afectaron a más de 31 mil personas.

Se plebiscitó esta Constitución. Los alcaldes de todas las comunas, designados por la Junta Militar, fueron los encargados de organizar las votaciones. No existía Servel, ni tribunal calificador de elecciones, nada. Hubo algunos y algunas apoderadas que con dificultad pudieron fiscalizar, pero en la totalidad tuvimos que acatar el recuento de votos que dio la Junta Militar y su Director Supremo, Pinochet. No cabía duda que se aprobaría esta Constitución. Así fue, y el año 1981 entro en vigencia hasta hoy.

En estas pocas palabras recogidas y sentidas, hay una mirada breve de cómo fue la creación de la Constitución de la Dictadura, aunque fue mucho peor de lo que aquí se relata y por eso se le debe enterrar muy hondo cuando este 04 de septiembre, Chile diga APRUEBO. 

Lo que está sucediendo ahora con la escritura de la Nueva Constitución, marca un contrapunto enorme, aunque ha sido también un camino difícil. Han transcurrido 42 años de espera con 30 años de una democracia fallida, para empezar a escribirla. 

Los años de la democracia alcanzada luego del plebiscito de 1988, donde la ciudadanía dijo NO a la dictadura de Pinochet, han sido años de sometimiento al modelo neoliberal gracias a su constitución. El foco estaba (aún es así) como sabemos, en la prosperidad económica que llegó efectivamente solo al 1% del país, a los demás, solo le ha llegado un raspado de la olla y hambre. Algunos se creyeron el cuento, cierto, y tuvieron mínimos avances económicos, pero a costa de hipotecar sus vidas.  Pero de desarrollo social, de acceso a mejor salud a educación, salarios y pensiones dignas, una buena calidad de vida, equidad, no podemos hablar. Eso definitivamente no llegó. Además, siguió la represión que no ha parado. El estallido social es su consecuencia. 

En esta rebelión popular de octubre de 2019, por a esa valentía y rabia de nuestras hijas, hijos y nietes, todos y todas nos volcamos a las calles a gritar y cada cual por sus injusticias vividas, que al final eran las mismas de todos, todas. Eso nos ha costado vidas, violaciones a derechos humanos, personas con ojos mutilados, presos, presas de la revuelta hasta hoy, jóvenes que asumieron como suyos estos 30 o 42 años de Chile, aunque no los hayan vivido, pero sabían y saben que esa sombra sigue ahí. Lo hará hasta el 04 de septiembre, cuando gane el APRUEBO y la borremos para siempre.

Para las heridas de 49 años desde el golpe militar y 42 años desde la constitución de la dictadura, la Nueva Constitución es una balsa a la cual aferrarse, un bálsamo. Muchas personas creemos en ella y tenemos toda nuestra esperanza y confianza puesta ahí. Porque cambiará a este Chile, representando a quienes queremos integración, inclusión de toda la diversidad, un buen vivir, con verdadera igualdad, democracia y paridad. Y, a diferencia de aquella de la dictadura, se está escribiendo con el voto del 80 % del país, que dijimos que queríamos que así fuera, y elegimos a quienes nos representarían para escribirla. Estamos presentes en cada uno de sus artículos, ahora sí, todas, todos y todes existimos.

Pronto volveremos a mirar al cielo, pero esta vez será para ver escrito allí con estelas de colores, aprobada Nueva Constitución de Chile 2022.

Fermina Amari – Feminista y Periodista