De cuotas de género a Democracia Paritaria
¡Un buen salto!

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Columna de la periodista, Feña – Feminista del PAF


Se aprobó la Democracia Paritaria, en la Convención Constitucional y esta norma pasó al borrador de la Nueva Constitución. Es una noticia que recibimos con mucho optimismo mujeres y feministas. Miren estas cifras:
“La población efectivamente censada en el país llegó a un total de 17.574.003 personas. De ellas, 8.601.989 (48,9%) son hombres y 8.972.014 (51,1%), mujeres.” (INE -2017) Si queremos una constitución justa, la democracia paritaria, en virtud de la cantidad de mujeres en Chile, de su invisibilización y de tantos cortapies para su desarrollo, lo es, y nos beneficiará a todas, generará muchos cambios culturales y, esperamos, estructurales en el país. También nos traerá muchos desafíos que debemos mirar con atención.


Pero, por la re motivación que da recorrer el camino andado cuando se obtiene un logro, les invito a que recorramos esos saltos, que hay desde la nada de paridad, a cuotas de género, hasta llegar a esta gran democracia paritaria constitucional que logramos en Chile.


Ver que la lucha que han dado miles de mujeres y de feministas por años y que seguimos dando, inundando las calles con nuestras cuerpas, gritando, peleando, con les hijes y la precariedad a cuestas, a veces perdiendo empleos y sin un peso en los bolsillos, otras, apresadas y violentadas, pero con la porfía y la rabia de las injusticias vividas, por todas, y siempre unidas con fuerza, dan resultados, renueva las ganas de seguir adelante.


Por eso, aquí va un corto resumen de este recorrido.
Los primeros llamados fuertes por la paridad de género, de mujeres y feministas se comenzaron a gritar en una conferencia internacional en Atenas, por 1992, luego organismos como OEA, ONU y otros, comenzaron a considerar esta demanda que hacían las mujeres, este 50% del planeta y se firmaron acuerdos, tratados internacionales, como la Plataforma de Acción Mundial aprobada por la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer, en Pekín, que en su punto G, se refiere a “la mujer en el ejercicio del poder y la adopción de decisiones”. Así el feminismo de la igualdad, cobra forma y fuerza y se
agregan estas demandas, equidad, paridad y más, en sus luchas.


Se hicieron muchos estudios que lo explican y respaldan, comenzando poco a poco a abrirse puertas a las mujeres. En algunos países se las empezó a incluir en cargos públicos y políticos, también en las empresas privadas se les abrió espacios a trabajadoras y se empezaron a entregar beneficios tributarios por cantidad de mujeres contratadas. Aunque con salarios más bajos que los hombres, injusticia que aún persiste y que hay que cambiar.


Hasta que en esta cuarta ola del feminismo en la que estamos y que viene desde principios del 2000, llegó el momento de exigir que, a las mujeres, se nos abran las puertas en total igualdad de condiciones que a los hombres, en todos los espacios, laboral, academia, ciencias, arte y política, que tengamos derecho a participar en las decisiones que se toman en todos los espacios de poder.


La participación de las mujeres y feministas en política, en el parlamento, en organismos públicos, es uno de los fuertes llamados, porque ahí se deciden las leyes, las políticas públicas que nos concierne, nos involucran, y desde donde se ejecutan. Debemos estar presentes para que tengan nuestra mirada, que no sean decididas por hombres para nosotras y velar porque se cumplan.


En Chile, se logró un avance en 2017. Se aprobó en el parlamento una cuota de género, es decir, que hubiera un 40% de mujeres y 60% hombres, para las elecciones de este periodo desde el 2022 al 2026. Este porcentaje alcanza hoy un 35,5%.


Es un beneficio, aunque se sabe que se obtuvo por una lucha dura dada por mujeres, feministas y que al principio fueron incluidas en las listas de partidos políticos, ciertamente patriarcales, dicho por algunas de ellas, como parte del decorado, solo para cumplir con la cuota obligatoria de ese 40 %. Afortunadamente esa violenta subestimación se ha ido atenuando.

Luego, un salto importante y de mucha movilización feminista y de mujeres, con mucha bulla y justa celebración, fue la aprobación en el Congreso de la paridad de género que debía haber en la Convención Constitucional, 50% mujeres 50% hombres. El 25 de octubre de 2020, Chile pasó a ser el primer país en el mundo en tener un órgano constituyente paritario y en consecuencia, escribir una constitución desde la equidad de género.


Por fin, ahora en esta misma Convención, las, los y les constituyentes aprobaron que en el país exista Democracia Paritaria, constitucionalmente. Junto con abrirse nuevas puertas para que las mujeres y diversidades podamos acceder a cargos políticos, y tengamos cupos para trabajar, en igual cantidad que los hombres, en empresas públicas y semipúblicas, esta norma se expande para todo el quehacer del país. Todo tendrá una amplia visión de paridad de género.


Por otro lado, es cierto que la paridad genera revuelo y recelo en algunos hombres y en algunas mujeres machistas, hay que decirlo. Por la competencia, por la meritocracia, porque las mujeres estamos ocupando cada vez más espacios. Pero, con la paridad se espera, por ejemplo, que la corresponsabilidad de la pareja aumente y beneficie a ambas partes. Que las obligaciones económicas, en el caso, sean más compartidas y se vayan asumiendo con mayor igualdad. Son derechos que se ganan y que traen también obligaciones.


La meritocracia no debería cambiar, quien esté mejor preparada o preparado en la lista de sus respectivos cupos laborales, deberá obtener el puesto. Las mujeres no llegaremos a restarles posibilidades a nadie. Por el contrario, nuestras hijas, nietas, hermanas, sobrinas, todas y todes tendremos mayores oportunidades.


Estos serán algunos de los desafíos que movilizarán positivamente a la sociedad, sin duda. Pues, las mujeres y diversidades que tengan posibilidades de estudiar y acceder a cargos públicos, tendrán que prepararse más para llenar cupos; los hombres deberán aumentar su disposición para acoger otras miradas que no sean masculinas y aprender de corresponsabilidad; el Estado habrá de fomentar la educación no sexista y adecuar su infraestructura para recibir la paridad y así suma y sigue.


Pero, las feministas enfrentaremos todo esto felices y con la convicción de que es un bien para todas, todos y todes, en especial para las hijas, nietas, niñeces que tendrán las puertas abiertas para vivir sus vidas más plenamente, y como elijan, desde una base mínima de paridad, hasta una máxima ilimitada. Una maravilla.
¡Firme y convencida, apruebo de salida!