Entre la aridez y el desierto florido. Derechos sociales y feministas aprobados en la convención

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Columna de opinión en clave feminista por Fernanda Rojas/Periodista

Como contra punto a la avalancha de aridez del gobierno y de la cámara de disputadas y diputados que nos cayó encima, al rechazar los dos quintos retiros, en una jugada de ajedrez económico muy poco deferente con la gente, donde fuimos en ese juego patriarcal, las y los peones, la convención y las/os constituyentes nos regalaron un hermoso desierto florido.

Luego de un consabido arduo trabajo y con el apoyo de la sincronía política, se han vivido jornadas históricas. Con las votaciones a favor de la mayoría en el pleno, derechos fundamentales y sociales muy esperados, que se entrelazan con el programa feminista constituyente, pasan felizmente, al borrador de la nueva constitución que será votada en el plebiscito del 04 de septiembre. (Ver recuadro) 

Todos estos derechos, se conjugan estrechamente con la base de los principios feministas. En su total amplitud, el autocuidado y el cuidado de todas y todes, mujeres, niñeces, jóvenes y disidencias sexogenéricas, conduce nuestro quehacer y nos moviliza.

Por esto, uno de los artículos  aprobados y más destacable y que celebramos es el Derecho al cuidado y Reconocimiento del trabajo doméstico y de cuidados”, desde la premisa del cuidado, en su enfoque laboral.

Artículo 11: “El Estado reconoce que los trabajos domésticos y de cuidados son trabajos socialmente necesarios e indispensables para la sostenibilidad de la vida y el desarrollo de la sociedad, que son una actividad económica que contribuye a las cuentas nacionales y que deben ser considerados en la formulación y ejecución de las políticas públicas”.

Asumir que el trabajo doméstico y de cuidados, que ejercen las mujeres, principalmente, que se quedan en la casa haciendo los quehaceres, el almuerzo, cuidando a las hijas e hijos, a la mamá enferma o al abuelo, es un trabajo y como tal, requiere una retribución monetaria, una remuneración, es justo. ¿Por qué?, veamos.

“Se estima en $44 billones al año el valor económico del trabajo doméstico y de cuidado que no es remunerado en Chile. Un 67% de este valor es aportado por mujeres” *

Esta ha sido una lucha de las mujeres y feministas desde los años ochenta. Porque, independiente de que se ejerza por opción o por obligación y que exista cariño de por medio, sin duda, se le dedican horas laborales a este trabajo doméstico y de cuidados, tiempo que podría ser ocupado en un empleo remunerado y contar con ingresos propios.

El no recibir ingresos por este trabajo, la mujer o la persona que lo ejerce, para tener dinero para el autocuidado en salud o para la compra de cuestiones personales, por lo general, se lo debe pedir al proveedor o proveedora, ya sea la pareja o un familiar, lo que le genera dependencia y puede gatillar conflictos que deriven en ofensas y humillaciones. A esto se le denomina violencia económica y es una de sus aristas. En esta situación, la mujer se expone, además, a maltratos psicológicos y físicos, tan solo por intentar recibir ese dinero, que muchas veces, incluso, no es para gastos personales sino de las hijas, hijos, o para quienes cuida.

Luego, una mujer que ha optado por la crianza y por realizar las labores domésticas con apoyo de su pareja, sin experimentar situaciones de violencia económica y por estas razones ha descuidado el contar con ahorros o no ha previsto que al envejecer debería recibir una pensión, porque le parecía innecesario, puede, de pronto, vivenciar la ruptura de su relación. Ahí se verá, como es usual, sin un hogar, sin un trabajo remunerado, sin ahorros, sin una profesión o experiencia laboral, sin una pensión. Se verá sola y desposeída de recursos monetarios, enfrentando una nueva realidad.

Por situaciones como las de estos ejemplos, cercanos y reales, y más frecuentes de lo que se quisiera, que las mujeres y feministas han estudiado y denunciado, surge la demanda del reconocimiento del trabajo doméstico y de cuidados remunerado, para que este tenga protección y garantías de derechos. Para que quienes lo ejerzan, tengan acceso a salud de calidad, seguridad social, licencias médicas, pensión y reciban una remuneración.

Para cumplir con aquello, se espera que el Estado establezca el ítem presupuestario correspondiente y que se vote a favor en la convención, la re nacionalización de bienes naturales comunes como el litio y el cobre, se concesione su administración, no se vendan estos recursos, y así se distribuyan sus ganancias para la concreción de los derechos sociales de todas, todos y todes.

Además, siempre es bueno reiterar, desde un análisis productivo económico simple, concordante con este sistema patriarcal – el cual no compartimos-, no obstante, es necesario el auto reconocimiento y propiciarlo en la externalidad. Las mujeres y cuidadoras/es somos productivas, generamos vida, ya sea por engendrarla o por criarla y cuidarla. Aportamos a que haya personas conformando la sociedad y contribuyendo al desarrollo, una fuerza laboral, es decir, recursos humanos, indispensables para este sistema

En consecuencia, se fundamenta como justo que, el “Derecho al cuidado y Reconocimiento del trabajo doméstico y de cuidados” y este deba ser remunerado, es un derecho inalienable que merecemos las mujeres y cuidadoras/es de Chile y que haya quedado consagrado en el contenido de la nueva constitución, nos da otra razón para votar “¡Firme y convencida apruebo de salida!”

Columna de opinión en clave feminista por Fernanda Rojas/Periodista